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El año de las redacciones vacías

La crisis sistémica evidenciada a partir de octubre agudizó un escenario crítico para el periodismo, no solo por los desafíos editoriales, sino también por la ola de despidos en los grandes medios, sin oxígeno por la caída dramática de los ingresos publicitarios. Desde 2018, son más de dos mil los profesionales despedidos en prensa, radio y televisión. Pero en tiempos como los que corren, la necesidad informativa sube, y hay reporteros, editores, productores y administrativos que deben asistir a sus lugares de trabajo, aun en plena pandemia. Desde ahí narran cómo el Covid 19 terminó de afiebrar aún más la debacle en los conglomerados tradicionales, hoy, vacíos y desolados.

Por equipo Mirador de Medios

Nunca sabremos si George Edwards, tripulante de un barco pirata británico que en 1804 quiso quedarse en un Coquimbo, soñó que con su decisión estaba fundando una de las dinastías más poderosas de este lejano país, gracias a la explotación de la minería, los préstamos y más tarde los medios de comunicación. Lo que sin duda difícilmente pudo imaginar es que dos siglos y siete generaciones después, lo que quedaba del fruto de esas actividades –un terreno de 14 hectáreas, con enormes salas de redacción e imprentas, además de parque, gimnasio, canchas de fútbol, tenis, peluquería, y hasta lustrabotas para los empleados– terminaría desocupado producto de una mala combinación entre los nuevos tiempos y los disparejos liderazgos de sus descendientes.

Lo que fue el medio de comunicación más importante de Chile, sin ningún contrapeso antes de que existieran la radio y la televisión, hoy ya no puede respirar. Con cerca de 700 despidos desde 2017, incluyendo 200 este año*, el edificio de Vitacura construido por el premio nacional de arquitectura Christian De Groote en uno de los terrenos con más plusvalía de la capital, que alberga a El Mercurio, Emol y La Segunda, está casi desocupado, y en estos días hay áreas completas a oscuras y sin calefacción. Y ocurren hechos inéditos. A fines de julio, la plana mayor –gerentes y editores– fue informada de que sus remuneraciones no serían depositadas el penúltimo día hábil del mes, una de las férreas tradiciones de la empresa, sino el 4 de agosto. En marzo, la misma dotación de élite fue requerida a hacer un “préstamo voluntario” a la empresa: recibirían entre un 30% y un 15% menos de su sueldo hasta agosto de este año. “El compromiso es que esa plata nos será devuelta cuando dejemos la empresa”, cuenta uno de los directivos que aceptó el trato, y que al igual que el resto de los entrevistados para este reportaje, pidió reserva de su identidad.

Foto de archivo de la sala de redacción de El Mercurio. Crédito: JD Lasica.

Hay un antecedente: en marzo de 2019, con el golpe de los cien despidos de ese enero bien frescos, el director de La Segunda propuso a parte de su equipo rebajarse en un 30% el sueldo, a cambio de trabajar media jornada. Una medida desesperada para evitar más despidos en su exigua redacción. La tregua no duró mucho: en mayo de 2020 fueron despedidas otras siete personas, tras meses de circular casi exclusivamente con avisos que en realidad son autoapoyos de la empresa, y en el mejor de los casos, de algún cliente amigo que pagó $200.000 por una página completa. El mismo diario eliminó este mes su edición sabatina, despidió a su gerenta comercial, y hoy funciona con dos vendedores.

En regiones se viven dramas no menos costosos. Porque El menguante imperio mercurial aún mantiene más de 20 diarios impresos, entre Arica y Chiloé. Quizás el caso más triste es el de Valparaíso, la ciudad donde se fundó el diario en 1827. Allí, sus alrededor de 60 trabajadores –hace dos años la dotación era el doble–, ya ni siquiera tienen un lugar donde volver. La furia popular prendió fuego al histórico edificio de Esmeralda 1002 la noche del 19 de octubre del año pasado, obligando a los redactores a escapar por una puerta trasera que da a la escalera del cerro Concepción. Esa noche, el director, contra fuego y marea, logró despachar desde su casa, y el diario más antiguo de habla hispana, como siempre, salió a la calle.

Con cerca de 700 despidos desde 2017, incluyendo 200 este año, el edificio de Vitacura construido en 1970 por el premio nacional de arquitectura Christian De Groote en uno de los terrenos con más plusvalía de la capital, que alberga a El Mercurio, Emol y La Segunda, está casi desocupado, y en estos días hay áreas completas a oscuras y sin calefacción.

Pasada la emergencia, el equipo se trasladó a las imprentas de la calle Yungay, donde debieron soportar el agobiante calor de inicios del verano 2020 y las incesantes lacrimógenas que azotaban a los manifestantes en los alrededores del Congreso.

“Pedro Montt era un campo de batalla”, relata uno de sus funcionarios. Ir a trabajar era mucho más difícil: el lugar más apretado, el calor, las lacrimógenas, además del temor a un nuevo ataque”.

A mediados de enero, las cosas mejoraron en algún sentido en el Puerto. Les arrendaron una planta libre lejos de lo álgido, en la plaza Sotomayor. Pero con el traslado también perdieron a los funcionarios del histórico casino de la empresa. Entonces vino la pandemia, y el arriendo no se renovó. El diario patrimonial funciona sin fotógrafos –salvo uno que tiene fuero sindical– y ya no tiene sala de redacción. Y cada fin de mes, desde la gerencia emana el pesado rumor de que nuevamente habrá que pedir línea de crédito a Santiago, porque no hay plata para pagar los sueldos.

Demoliendo hoteles

Han pasado casi tres décadas desde que La Tercera le arrebató el monopolio del poder en la prensa escrita a la familia Edwards. El gestor de esta hazaña es un empresario que ha hecho en vida su propia fortuna: Alvaro Saieh, la cuarta persona más rica de Chile, con un patrimonio de USD 3 mil millones, según Forbes, invertidos en el rubro bancario, el retail, inmobiliario, de supermercados y hotelero –es dueño del Mandarin Oriental Hotel, ex Hyatt.

De entrenado ojo empresarial, un talento que asomó cuando adquirió el banco Osorno y La Unión en plena crisis de los 80, don Álvaro comenzó en 2017 los ajustes en  Copesa, su negocio mediático. Atrás quedó la redacción en ese enorme y lúgubre paño de Vicuña Mackenna con Ñuble: La Tercera y todo Copesa se trasladaban al elegante barrio de Rosario Norte, en Las Condes, donde también están CorpBanca y Corpartes, todos ligados a la familia. Vicuña Mackenna tenía otro destino: convertirse en el mall más grande del grupo Vivo, también del grupo Saieh. Pero… ¿habría espacio para todos en Las Condes?.

Allá llegaron a la administración la ex ministra de Sernam y Educación del primer gobierno de Sebastián Piñera, Carolina Schmidt, como Gerenta General de Medios; y Andrés Benítez como Director de Negocios. Lo más recordado de la dupla: ese año se dejó de imprimir Qué Pasa, cerró la revista Mujer y se despidió al equipo completo de revista Paula, medio fundacional del feminismo en Chile, para convertirla en un diario de vida en primera persona.

Entre 2015 y hoy, la planta de trabajadores de Copesa se redujo de 1.500 a 620 funcionarios. En agosto de 2018, Schmidt abandonó su desafío de recorte presupuestario en Copesa para volver al segundo gobierno de Piñera, con el glamoroso encargo de organizar la (más tarde) fallida cumbre COP 25 del año siguiente como ministra de Medio Ambiente. Benítez sigue en el diario. Bajo su gestión, en enero de este año se materializó el cierre definitivo de La Hora.

Entre los empleados circula la información de que las pérdidas de Copesa ascienden a muchos millones de dólares. Y también hay consenso en que el modelo de negocios ya no da, menos con el paupérrimo avisaje en plena pandemia.

Una integrante del equipo que fue al diario en estos días cuenta: “Había varios jefes, pero la redacción está desmantelada, porque muchos se llevaron sus sillas para trabajar en casa, y todos los diseñadores sacaron sus computadores”.

La aparente calma –si se puede hablar de calma con más de 200 despidos entre la mudanza a Las Condes y hoy– debiera durar hasta octubre, cuando se cumpla un año del Estallido Social. “Para ser justos”, dice ella, “me extrañó que la empresa no se acogiera a la Ley de Protección del Empleo. Creemos que después del 31 de octubre, que es cuando termina el fuero que logramos en la negociación colectiva de marzo, muchos serán o seremos despedidos”.

Otro de sus colegas reflexiona: “2020 será recordado como el año en que el antiguo modelo de hacer periodismo cayó de manera definitiva. Las redacciones son cada vez más minúsculas. La publicidad es muy menor. Durante la cuarentena, la venta de diarios ha sido muy baja, los quioscos han estado cerrados. La gente ya no compra diarios de papel. Esperar hasta el otro día para informarse de algo, eso ya no existe”.

Entre los empleados circula la información de que las pérdidas de Copesa ascienden a muchos millones de dólares. Y también hay consenso en que el modelo de negocios ya no da, menos con el paupérrimo avisaje en plena pandemia. Una integrante del equipo que fue al diario en estos días cuenta: “Había varios jefes, pero la redacción está desmantelada, porque muchos se llevaron sus sillas para trabajar en casa, y todos los diseñadores sacaron sus computadores”.

Muevan las industrias

Hasta el verano pasado, era frecuente que los equipos de Radio Cooperativa se quedaran en amplio jardín de su edificio del barrio Yungay para hacer asados de camaradería. Entre empanadas, choripanes y campeonatos de taca-taca, discurría el ambiente de trabajo de esta radio con 85 años de historia, emblema de la información política en dictadura, que tras haberse mudado en 2014 a un moderno edificio de cuatro pisos, mantenía ese ambiente familiar tan distintivo de la casa de Antonio Bellet, en Providencia. La misma que vio nacer el proyecto radial más exitoso de las últimas décadas: la Rock & Pop, fenómeno de los 90, que más tarde fue vendida a Iberoamerican Radio Chile para paliar los agudos problemas financieros causados por el fracaso comercial del canal de TV de la misma marca.

Hubo un breve remanso entre esos pésimos años y la evidencia de la crisis sistémica de los medios. Que Chile no clasificara al Mundial de Rusia 2018 fue una pésima noticia para los auspicios de Al Aire Libre, uno de los espacios más escuchados y rentables de la estación, y que a esta fecha se ha visto más perjudicado, con su equipo reducido a la mitad.

Desde entonces, todo empeoró para toda la radio. 

“Primero, se acabaron las galletas y el agua mineral para los invitados. Luego cambiaron el papel confort, y tuvimos que empezar a llenar una planilla cada vez que necesitábamos una resma de papel. Para los últimos programas de El Primer Café, antes de la pandemia, nos dejaron de comprar… ¡el café!. Nos llegaba solo un ejemplar de La Tercera y otro de El Mercurio para toda la radio”, cuenta una productora.

En medio de todo esto, llegó la pandemia y con ella más despidos, esta vez vía remota. Los asados con todos nunca se volverían a repetir.

“En junio echaron a casi todo el equipo del fin de semana, los cabros que editaban volvieron a la calle a reportear, y algunos ven como un retroceso en sus carreras”, añade la productora.

Uno de los pocos empleados que acude periódicamente a la calle Maipú 525, describe un panorama más bien sombrío: “El edificio está vacío. En la entrada nos toman la temperatura, sanitizamos los zapatos y adentro hay que estar con mascarilla. No hay reuniones. Nos dan comida sellada al vacío, para evitar que vengan los delivery”.

Los que quedan contratados y podrían volver son unos 140, para en un edificio concebido para muchos más.

¿Cómo se viene el futuro? Un editor comenta: “Los medios no supieron hacer el traspaso de tecnología, no le dan en el clavo al negocio. Pero creo que a los golpes están entendiendo que ya no se pueden meter todos los huevos en la misma canasta. La historia de Cooperativa es de pura información, pero ahora comenzamos con un sitio para mujeres, contenidos de tecnología y videojuegos. El público ya no es uno solo, son muchos y muy diferentes. Si hacemos más contenidos de nicho, quizás no llegará el mismo dinero que antes, pero si sumamos todo, quizás es posible seguir manteniendo un medio de comunicación”.

Pampa Ilusión

Lo del edificio de TVN de Bellavista 0990, en las faldas del cerro San Cristóbal, se parece a lo de El Mercurio, en las faldas del Manquehue. El recinto de 60 mil metros cuadrados, con diez estudios de grabación además de la enorme sala de prensa, un anfiteatro, amplios patios y una terraza con vista privilegiada al Parque Metropolitano, hoy está convertido en un elefante blanco al que asisten no más de 160 personas.

Así lo retrata uno de los productores: “Es súper triste. TVN tiene una estructura tan grande, que es doloroso ver cómo está hoy. Hace algunos años no había estudios disponibles para grabar; ahora está todo tirado y abandonado. A comienzos de los 2000 no había ni un solo espacio libre en el estacionamiento. Lo mismo el casino, se acabaron los mesones para compartir y te dejan comer con una sola persona”.

Pero por la naturaleza de su producto, los periodistas de TV no pueden evadir estar en terreno.

“TVN tiene una estructura tan grande, que es doloroso ver cómo está hoy. Hace algunos años no había estudios disponibles para grabar; ahora está todo tirado y abandonado. A comienzos de los 2000 no había ni un solo espacio libre en el estacionamiento. Lo mismo el casino, siempre había filas llenas para almorzar, ahora se acabaron los mesones para compartir, te dejan comer con una sola persona. En el Patio de las Comunicaciones, donde siempre se ha reunido la gente para conversar, no hay nadie”, dicen en TVN. Foro: Wikimedia Commons.

“Se han dado contagios por hacer notas en la calle, entonces hay temor de ir a trabajar”, cuenta un reportero. “Los sindicatos han entregado mascarillas y protectores faciales a los que están en el canal”, agrega un administrativo que va a la oficina una vez a la semana.

“Trabajamos por turnos, por si alguno se contagia”, añade otra funcionaria. “Tratamos de tomar todas las precauciones manteniendo la prioridad de informar durante la crisis. Pero es complejo. Salir a la calle significa un nivel de exposición del que no siempre estamos conscientes”.

En Prensa, además acusan la sobrecarga laboral: “antes del despido masivo, había dos equipos. Uno era 24 Horas y otro del noticiero central. Ahora todos trabajan para todo. Eso significa que hay mucha más pega que antes”.
El futuro es más que incierto para la señal de todos los chilenos, fundada en 1969 por orden del presidente Eduardo Frei Montalva. La pionera en cobertura nacional, en transmisión vía satélite, a color, con sonido estéreo y en alta definición. La misma que realizó el matinal más exitoso y emblemático de la TV, y producciones dramáticas que marcaron generaciones. En 2013, TVN comenzó a arrendar, a quien quisiera y pudiera pagar, sus patios, terrazas y teatro. Entonces, la planta de trabajadores alcanzaba a cerca de 1.500 personas. Este año quedan unas 650, y el edificio se puso a la venta. El precio: 2,45 millones de UF. Mientras llega un oferente, la gerencia encontró una forma de rentabilizar los estacionamientos desocupados: arrendarlos sus vecinos de la Clínica Santa María, a los que claramente, en estos meses de pandemia, el trabajo no les falta.

*Las cifras de este reportaje están basadas en los datos de los sindicatos de las empresas mencionadas, complementadas con el trabajo Registro de despidos en medios de comunicación en Chile: 2018-2020, de Daniel Avendaño Caneo y César Solís Asenjo.