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Medios y élite política, el freno de emergencia ante los cambios

Por Gabriela Bade, socia fundadora de Mirador de Medios

Los 50 nombres más mencionados durante enero y mayo de 2020 nos muestran un panorama de voces que no se condice con la realidad de un país que puja para que sus diversidades sean cada vez más reconocidas. 

Si bien la lista muestra una presencia prácticamente sin contrapeso de un solo sector político, Chile Vamos, este desequilibrio también es evidente en temas de género, ni hablar de la presencia de voces LGBTI+, pueblos originarios, del mundo de la cultura, regiones, o estratos socioeconómicos más allá de la élite. Y, pese a estar en medio de una crisis sanitaria sin precedentes, la ciencia tampoco logra entrar a la lista. 

Aunque parecía que los medios se abrieron en un primer momento a recoger la voces que emergieron desde el 18 octubre de 2019, la realidad que nos muestran estos números es que la élite cuestionada, en vez de retraerse del espacio público, trabajó para coparlo. O bien, fueron los medios los que eligieron relevar las voces del status quo para contener no una, sino dos crisis sin precedentes.

Una enorme desconfianza nos corroe desde hace años, al tiempo que hemos visto caer a piso instituciones tan simbólicas como la Iglesia Católica y tambalear a otras, como Carabineros, la clase política, empresarios y más. En esta escala, el gobierno y los partidos (de todas las tendencias) están, persistentemente, en lo más bajo de la aprobación de la ciudadanía (según CEP de enero de 2020, los partidos obtuvieron un 2% de aprobación). 

Pese a todo, las personas más mencionadas en la lista de los 50 son precisamente del mundo político. Es decir, lo que estos números muestran con nitidez es cómo se articulan medios y élite política cuando está en juego la mantención del poder. En conjunto, funcionan como el freno de emergencia cuando una ola amenaza con cambiar el orden conocido. 

Aunque parecía que los medios se abrieron en un primer momento a recoger la voces que emergieron desde el 18 octubre de 2019, la realidad que nos muestran estos números es que la élite cuestionada, en vez de retraerse del espacio público, trabajó para coparlo. O bien, fueron los medios los que eligieron relevar las voces del status quo para contener no una, sino dos crisis sin precedentes.

Esta sintonía común sobre el miedo a las transformaciones siempre ha estado ahí. Pero también han estado siempre ahí las diversidades, empujando para abrir espacios. Chilenas y chilenos no somos todos universitarios, ni mucho menos de la UC o la Chile. No tenemos todos más de 31 años, ni somos 70% hombres y 30% mujeres (somos mitad y mitad, para quien no lo sepa). No somos todos huincas, ni todos heterosexuales, ni santiaguinos, ni militantes. 

Cuando vimos a la diputada humanista Pamela Jiles correr con su capa de un lado al otro por la Cámara para celebrar la aprobación del retiro del 10% de ahorros desde la AFP, recordamos que precisamente en el Congreso tuvieron que abrirse a esta mayor diversidad con el fin del binominal y también con la obligación de llevar más candidatas mujeres. Otras formas de entender la vida y la política, nos gusten o no, son parte de lo que somos como país y deben expresarse.  

La pregunta que asoma es si los medios tradicionales tomarán el desafío de representar a ese país que está por nacer, con toda su diversidad, o nuevos medios ocuparán ese lugar. La conclusión no es tan clara. A pesar de que durante este año hemos visto numerosas olas de despidos, revistas que se terminan y programas de televisión que se apagan, no es tan simple decretar el fin de los medios tradicionales, que históricamente han demostrado “ingeniosas” formas para sobrevivir. Los medios que cubren las noticias del día a día siguen siendo fundamentales. Todo el sistema de distribución de contenidos a través de redes sociales u otros proyectos digitales, todavía es muy dependiente de la producción de las grandes empresas de noticias. Y eso es porque no es barato, ni fácil, ni cómodo hacer periodismo, especialmente del bueno. 

Necesitamos a los medios, sí, pero ya no se puede seguir negando que estamos en un punto de inflexión. Y muchos agradeceríamos que los vientos soplen a favor de las transformaciones, pues para la convivencia democrática justa y pacífica que queremos, hoy urge abrir espacios para este nuevo Chile más amplio y diverso.