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Radio en la era de la mutación

Por Javier Sanfeliú V., exdirector creativo de radios Concierto, Futuro, Zero, Pauta. Director creativo de www.emisorpodcasting.com.

No es fácil responder sobre el futuro de la radio. Sobre el futuro de nada, en rigor. La futurología siempre será una suerte de horóscopo trucho, una lectura de manos gitana.

Vamos entonces a revisar ciertas certezas: Chile es un país fanático de la radio. Año a año siempre aparece mencionada en todo tipo de encuestas como una de las instituciones más creíbles, confiables, esto dado por el poder de la palabra. Sin duda esta aproximación se debe a la calidad de las radios informativas nacionales, tanto las que se emiten al país desde Santiago como a las regionales, estas últimas que cumplen con el sentido de comunidad y pertenencia en un lugar tan diferente y diverso como es Chile. Desde ese punto de vista la radio tiene un rol sempiterno hasta el fin de los tiempos. 

Es el famoso poder de la palabra.

La radio ha sobrevivido a embates tan duros como la llegada de la televisión y hoy por hoy, por la enormidad de pantallas que inundan el planeta. Esto es debido a que el móvil no sólo es visual, sino también un aparato sonoro. Y el ser humano tiene ese sentido –el oído– tan desarrollado como el resto. En el bosque primero escuchas como se quiebra una rama y luego ves al lobo. No se renunciará jamás a ese servicio neuronal tan útil.

La radio te deja hacer, no te atrapa ni te exige congelarte. Te deja ser mientras te acompaña. Esa característica que parece tan lugar común, es sin duda una de sus virtudes: darte libertad.

¿Quiénes son los que me escuchan? ¿Son acaso los mismos que creía eran el 2010? ¿Qué pasó con el humano allá afuera? ¿Son las mujeres las mismas mujeres que creíamos hace cinco años?

Pero estamos enfrentados a una era de mutaciones totales y la radio no está exenta de pasar por caja. La aparición de los titanes digitales es una amenaza para todo el ecosistema que existía antes de la caída del cometa internet. Hoy los presupuestos para medios tradicionales están exiguos y esa tendencia continuará en aumento. Lo mismo la atomización de las audiencias. Eso es evidente. Entonces la radio debe hacerse varias preguntas. Por ejemplo: ¿quién soy? ¿Qué parte de mi cuerpo debe adaptarse para seguir existiendo sobre el planeta Tierra? ¿Soy sólo radio o soy algo más? Por otro lado, hay que preguntarse: ¿quiénes son los que me escuchan? ¿Son acaso los mismos que creía eran el 2010? ¿Qué pasó con el humano allá afuera? ¿Son las mujeres las mismas mujeres que creíamos hace cinco años? ¿Las audiencias juveniles donde están, no les importo o no me importan y envejeceré con los antiguos mamíferos auditores? Mi hijastra tiene tik tok (obvio), y tik tok te ayuda a generar listas de música. He programado radios muchas veces, sé de tendencias, me mantengo al día. De su lista de cien canciones sólo conocía seis, con suerte. Y me consta que de sus cien pocas están sonando en radios abiertas. Entonces, ¿no será que, por ejemplo, a esa generación que emerge con fuerza hay que entregarle más comunicación que música? ¿O perdemos una oportunidad ahí sólo por darlo todo por perdido? Son sólo preguntas, no tengo certezas. Pero hay que hacérselas.

¿De dónde sacaremos el dinero que se llevó Facebook, Google? ¿Se hace radio sólo para lo que crees es la gente socioeconómicamente o haces radio fuera del nicho para explorar extensiones más grandes? ¿Para qué público generamos contenidos? ¿Estamos conscientes del cambio cultural social o mantenemos sólo brasas de lo que antes fue fuego?

¿Las radios adulto joven son adulto joven o ya son tercera edad? Una radio tipo para ese público tiene parrillas con canciones de hace treinta años, promedio. Si no un poco más. ¿Hay sólo un tipo de música para ese público de alto poder adquisitivo o apostamos a la vieja escuela de programador de los ochenta que te decía que la gente sólo quiere volver a sus quince años y nunca más exploró nada nuevo en la vida? ¿No es acaso irrumpir con una radio de estilo, sea cual sea ese estilo? Envejecer sin darse cuenta es perder cierta capacidad de asombro en los tiempos del asombro. ¿Nos damos cuenta? Son sólo preguntas, no certezas. Hay qué hacérselas.

Estamos en la era de la mutación. Las radios como marcas deben ser nítidas, abiertas a ser consumidas de las más diversas formas. Arremetió con fuerza el podcast en el mundo entero y Chile no está exento a esa tendencia.

¿Una radio debe seguir siendo la misma radio o puede cambiar porque quiso cambiar nomás?

Estamos en la era de la mutación. Las radios como marcas deben ser nítidas, abiertas a ser consumidas de las más diversas formas. Arremetió con fuerza el podcast en el mundo entero y Chile no está exento a esa tendencia. Crece y crece el consumo de contenidos on demand. Entonces hubiese que preguntarse qué contenidos. Para quién y cómo. Entonces, ¿la radio debiese considerarse una editorial de frentón?  Porque existe google, existe twitter, existe Netflix y Amazon. ¿Cómo los entregas cuándo, dónde y para qué comunidad? ¿O debe seguir sólo avanzando en su influencia a través de voces? ¿No será la era de los contenidos, el retorno de los grandes redactores dirigidos por grandes editores con olfato? ¿Menos rostro más gracia? Son sólo preguntas, no certezas. Pero hoy más que nunca hay que hacérselas. Porque es el momento del juego. De la transformación. Y eso sólo requiere voluntad, olfato y decisión.

La gente que trabaja en radio es más despierta que la de los otros medios, tengo la impresión. Ha sabido adaptarse mucho mejor que la prensa y la televisión. Por lo mismo no es tiempo de decir La radio ha Muerto, Viva la radio. No. Hay que decir Viva la Radio en la Era de la mutación.