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¿Por qué los jóvenes les dieron la espalda a los medios?

Por Andrés Scherman, investigador de Ciclos, Facultad de Comunicación y Letras UDP

Entre 2009-2019, las instituciones que encabezan el desplome en la confianza por parte de los jóvenes son dos: los medios de comunicación tradicionales (53 puntos porcentuales) y Carabineros (47 puntos). ¿Qué es lo que el periodismo ha hecho tan mal?

Si hace 11 años los medios de comunicación recibían la confianza del 60% de la población entre 18 y 29 años, de acuerdo a los resultados de la encuesta de Participación, Jóvenes y Consumo de Medios de la Escuela de Periodismo de la UDP y Feedback, el año pasado este indicador llegó a 7%, lejos del más bajo del periodo 2009-2019.

Uno de los aspectos centrales del deterioro de la imagen de los medios tiene que ver con su credibilidad. En el desglose de 2009, la televisión abierta reinaba sin contrapeso entre la población, y las redes sociales recién empezaban a marcar territorio. Mientras ese año, un 31% declaró que la televisión abierta era el medio en que más confiaba, el año pasado esta cifra sólo llegó a 9 %. En el caso de los diarios impresos, el nivel de confianza en 2019 fue de 3%.

Esta caída en la confianza no es exclusiva en los jóvenes. De acuerdo a la última encuesta CEP (diciembre de 2019) solo el 11,3% de la población total confía mucho o bastante en los diarios, 8% en la televisión, 28,1% en las redes sociales y 28,8% en la radio.

Las caídas en la confianza de los medios de comunicación y Carabineros sobrepasan, por lejos, lo que sucedió con todas las demás instituciones que fueron medidas en el mismo periodo. Incluso, superan, proporcionalmente, lo sucedido con la Iglesia Católica, que durante la última década ha vivido en Chile y el mundo una de las peores crisis de su historia.

Y aunque algunos estudios, como la encuesta de la Asociación Nacional de Mujeres Periodistas y Cadem (abril 2020), muestran un repunte en la confianza de la población, incluso entre los jóvenes, es difícil que un evento puntual en que la gente tiene una altísima demanda de información, modifique una tendencia que hemos visto de forma ininterrumpida por 10 años.

En este escenario de alejamiento de los medios aparecieron las redes sociales, nuevas formas de comunicación que fueron adoptadas con extrema rapidez por los jóvenes, y donde encontraron la confianza que ya no tenían en los medios tradicionales. Según la encuesta de Participación, Jóvenes y Consumo de Medios 2019, hoy las redes sociales son el medio de información en que los jóvenes más confían, con 51% de las preferencias frente al 17% que marcaba en 2018. Este salto da cuenta de cómo 2019 fue el año inflexión de la valoración de las redes sociales como fuentes de información (y en contraste, el desplome de los medios tradicionales). 

Esta nueva situación no está exenta de problemas. Sin duda, los jóvenes se sienten más cómodos en el mundo informativo de las redes sociales. Lo que no sabemos es hasta qué punto son conscientes de la manipulación informativa, las fake news, los discursos de odio y el populismo que abundan en ese espacio. Parece urgente que aprendan a conocer esas amenazas, porque es muy poco probable que vuelvan a informarse en los medios tradicionales.

De forma paralela al desplome de los medios de comunicación, otra antigua y tradicional institución ha visto una caída dramática en sus niveles de confianza: Carabineros. Entre 2009 y 2019 el nivel de confianza en esa institución cayó de 57 a 10%, es decir, 47 puntos porcentuales según la encuesta de Participación, Jóvenes y Consumo de Medios.

Las caídas en la confianza de los medios de comunicación y Carabineros sobrepasan, por lejos, lo que sucedió con todas las demás instituciones que fueron medidas en el mismo periodo. Incluso, superan, proporcionalmente, lo sucedido con la Iglesia Católica, que durante la última década ha vivido en Chile y el mundo una de las peores crisis de su historia. En el periodo 2009-2019, el nivel de confianza en la Iglesia disminuyó de 35 a 8% (frente a la baja de 60 a 7% de los medios y 57 a 10% de Carabineros). 

¿Qué puede explicar que la confianza en los medios de comunicación caiga a un nivel sólo similar al de Carabineros, una institución que durante los últimos ha enfrentado desvíos o malversaciones de fondos públicos, acusaciones de violaciones a los derechos humanos (en Santiago y en medio del conflicto del Estado con el pueblo mapuche), sucesivos cambios en su dirección y prácticamente un descabezamiento de su alto mando?

Probablemente, para la población entre 18 y 29 años tanto los medios de comunicación como Carabineros se han transformado en una manifestación del poder oficial que los jóvenes sienten que los invisibiliza o, incluso, estigmatiza. Siguiendo la tipología del sociólogo inglés John B. Thompson, los medios de comunicación tradicionales ejercerían el poder simbólico (la producción y distribución de contenidos simbólicos significativos) y Carabineros, el poder coercitivo (el uso o la amenaza del uso de la fuerza física). Se trata de formas de ejercer el poder muy distintas, pero que pueden ser tremendamente efectivas.

En la medida en que los jóvenes comenzaron a no sentirse parte de la conversación de las instancias de poder y de los medios (en la última década desaparecieron casi todos los espacios dedicados a este grupo en la televisión, los diarios y en muchas radios), fueron buscando otros lugares donde encontrar información y construir su identidad.

Desde mediados de los 90, el compromiso de los jóvenes con la política institucional viene a la baja. La expresión más clara fue la deserción de la participación electoral, que ni siquiera la introducción del voto voluntario pudo alterar. Creo que su alejamiento de los medios de comunicación tradicionales es una continuación de la misma línea de comportamiento. En la medida en que los jóvenes comenzaron a no sentirse parte de la conversación de las instancias de poder y de los medios (en la última década desaparecieron casi todos los espacios dedicados a este grupo en la televisión, los diarios y en muchas radios), fueron buscando otros lugares donde encontrar información y construir su identidad. Al mismo tiempo, los medios se transformaron en un espacio que los retrataba con sospecha y, muchas veces, al borde de lo delictual. El resultado: las voces y rostros de los medios comenzaron a ser mirados cada vez con más distancia por parte de los jóvenes. Algo así como un decorado que poco tenía que ver con la realidad que ellos están viviendo.