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"Aunque no nos guste lo que se está publicando en los medios tenemos que leer y estar presentes". Conversamos a fondo con María Olivia Mönckeberg sobre la nueva Constitución y los medios chilenos.
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María Olivia Mönckeberg: “La Constitución debería considerar el derecho a la comunicación”

Ad portas del proceso constituyente, una de las periodistas más respetadas del país reflexiona sobre el rol del Estado para asegurar pluralismo, la concentración de medios en dos grandes grupos periodísticos y el futuro de los nuevos periodistas que surgen en tiempos de crisis: “Aunque no nos guste lo que se está publicando en los medios tenemos que leer, tenemos que estar presentes”.

Por Marcos Ortiz F., socio fundador de Mirador de Medios

Florece el jardín de María Olivia Mönckeberg (Santiago, 1944). Se llenan de color las lilas y rododendros, tomando la posta de las invernales camelias. La Premio Nacional de Periodismo y académica de la Universidad de Chile ve la primavera desde su ventana mientras conversa frente a la pantalla del computador. Su esperanza ante el fin inminente de una cuarentena que ha durado meses contrasta con su diagnóstico sobre el futuro de los medios chilenos. “No es fácil mirarlo con optimismo”, señala, mientras analiza el primer informe de Mirador de Medios que abordaba los despidos masivos tras el estallido y la pandemia bajo el título de Medios en la UTI. “Lamentablemente interesante”, es su veredicto.

— Chile vive un inédito proceso constituyente. ¿Puede cambiar a mediano o largo plazo el ecosistema de los medios con una nueva Constitución?
— Hablando de esperanza, yo espero que sí. Es muy importante que la gente que no es periodista ni del ambiente de las comunicaciones le tome el peso a lo que eso significa. Y eso me preocupa porque creo que, en general, hasta ahora no se ha visto. Cómo se genera un ambiente, una mayor claridad, para que desde todos los ámbitos –políticos, profesionales, académicos, del mundo de la cultura, de las organizaciones sociales, de mujeres, de pueblos originarios– se den cuenta de verdad de la importancia de los medios. Solo así va a ser posible que esto se exprese en estas voces y manos que elaboren la nueva Constitución, para que allí se garantice el derecho a la comunicación, a la libertad de expresión, a la libre información y se mejore el acceso.

La periodista, autora de “Los magnates de la prensa” (2009), pasa rápidamente a otros de sus temas predilectos. “La propiedad de los medios es lo que está determinando mucho lo que ocurre en la actualidad. Efectivamente estamos en un momento muy crítico, de inflexión, de medios en la UTI. Lo que uno sabe, traspasando las barreras del confinamiento y la pandemia, es que la situación está muy crítica. El primer informe de Mirador de Medios no exagera”.

“La prensa escrita y la televisión –y en menor medida las radios– no se han sabido adecuar al cambio tecnológico, pero tampoco ha habido la voluntad de mejorar en la calidad de esa información que se entrega. No ha habido la originalidad, la creatividad, y se han enmarcado en esquemas muchas veces poco originales, repetitivos de sí mismos. ¿Qué tan diferentes son estos diarios a lo que eran hace años? Se notan más bien regresiones que avances”, agrega. “El que los dueños de los medios sean grandes grupos empresariales determina líneas. Y por otro lado tenemos el tremendo problema de una economía chilena tan concentrada que determina que la publicidad actúa como un freno también para la libertad de expresión y el acceso de las personas a la información y otras miradas. Son demasiadas voces que no son consideradas, demasiadas figuras que es como si no existieran”.

“El rol de los medios sigue siendo súper importante y las redes no lo reemplazan. Pueden empujar ciertas cosas, pero no reemplazar a los medios”.

— “Los magnates de la prensa” narra la historia de nuestro periodismo desde sus dueños. ¿Cree que el estallido social, que vino desde abajo, jugará a la larga algún rol en nuestra prensa escrita?
— No lo veo tan claro. Ha habido ciertas acciones y estímulos a partir del estallido. Cambian por un rato, pero no se produce una cuestión más de fondo, más estructural. Pienso que tendría que cohesionarse más para que se transforme en cambios fundamentales. La Constitución, como decía, debería considerar el derecho a la comunicación. No solo hablo del derecho de nosotros como periodistas a informar o informarnos, sino que del derecho de la ciudadanía de poder tener medios también. Aunque algunos se quejan de que uno le pida todo al Estado, es obvio que para generar un ambiente de medios plural va a tener que ser vía algún aporte estatal para medios públicos y medios comunitarios. También iniciativas de periodistas con otras personas del ámbito profesional que quieran generar medios que pudieran contar con algún tipo de respaldo.
Si queremos pensar en serio en términos de un país que promueve a todos en un sentido amplio y enriquecedor cultural, política y económicamente hablando, debiera haber medios de comunicación. ¿Qué ha ocurrido? Que El Mercurio se fue comprando todos los diarios regionales. Es una excepción que exista La Discusión de Chillán. Pero hasta El Sur de Concepción se lo compraron. Puede ser público o mixto, donde se respete lo privado, por supuesto, pero que a la vez se promuevan miradas diferentes.

— ¿Qué rol ocupan las redes sociales en este nuevo escenario?
— Algunas personas creen, incluso algunos periodistas, que las redes sociales pueden reemplazar al medio. Yo creo que no, y ojalá no. Todavía hay mucho que discutir, pero por una parte está todo el tema de los algoritmos que pueden estar dirigiendo no sabemos desde dónde. Tengo la impresión –y comparto esa inquietud que se expresa en (el documental) “El dilema social”– que no pareciera tan excepcional lo que ocurre con Trump, Bolsonaro o extremismos que estamos viendo en Chile. Eso me inquieta, pero también desde la mirada de que hoy, con las redes sociales, los periodistas son más necesarios que nunca. Precisamente en ese rol de estar al servicio de la sociedad y ser mediadores y verificar. El medio ojalá sea moderno y creativo, pero que se haga responsable, con una marca, con un equipo, con un periodismo más profundo e investigativo que el que se hace en Chile. El rol de los medios sigue siendo súper importante y las redes no lo reemplazan. Pueden empujar ciertas cosas, pero no reemplazar a los medios.

“Creo que los medios de comunicación debieran transparentar sus directorios, sus accionistas, sus comités editoriales, cómo se financian. Estamos hablando de medios, pero habría que hacerlo extensivo a muchas otras instancias, como AFP e isapres. Estamos hablando de bien público. No puede ser que se les trate en materia informativa como que fueran parte de un mercado de lo privado”.

— ¿Qué determina la aparición o cierre de medios: es la Constitución, el gobernante de turno, la economía?
— Podrían ser todas las anteriores, porque depende de muchas cosas. Paradojalmente en la dictadura fuimos apareciendo con medios en la medida en que nos reprimían, porque veíamos una necesidad de jugarnos políticamente por generar condiciones para que hubiera democracia y libertad de expresión. Logramos también conquistar el Colegio de Periodistas para los sectores democráticos, saliendo con lienzos a la calle. Decíamos, por ejemplo, “sin libertad de expresión no hay democracia”.
En ese contexto fueron surgiendo medios que lograron tener alguna circulación interesante. Mencionaba la revista Hoy; Análisis, que nació al alero de la Academia de Humanismo Cristiano cuando el Cardenal Raúl Silva Henríquez era el arzobispo de Santiago; la revista Apsi fue otra iniciativa. Había ayuda internacional, que algo significaba, pero eran sueldos bastante mesurados y nadie aspiraba a ganar grandes cantidades por ser periodista. Porque uno le ponía más que la camiseta, un sentido de vida. Uno quería otro país.
Después ocurrieron cosas. El Mercurio y La Tercera se endeudaron porque la crisis de los 80 les pasó la cuenta; sin embargo, el Estado los apoyó sustancialmente a ambos. Significó que el grupo Copesa y el grupo Mercurio quedaron en relativo buen pie. Y a otros que surgían con dificultades económicas, pero con muy buena calidad periodística –como el diario La Época–, les cerraban el espacio. Los otros no tuvieron energía para subsistir y tampoco recibieron ningún tipo de ayuda desde afuera ni apoyo desde el Estado.

— Se exige transparencia al aparato público, pero ¿qué mecanismos de transparencia sería pertinente incorporar a nuestros medios? ¿Qué valor tendría algo así?
— Sería sumamente interesante. Cómo voy a creerle a un editorial si no sabemos ni siquiera quién se reúne en un consejo directivo. Porque como no son medios que se transen en la Bolsa de Comercio, entonces no nos aparece cuando queremos investigar lo que puede decir la Corporación para el Mercado Financiero, que es la entidad que revisa constantemente los directorios. Creo que los medios de comunicación debieran transparentar sus directorios, sus accionistas, sus comités editoriales, cómo se financian. Estamos hablando de medios, pero habría que hacerlo extensivo a muchas otras instancias, como AFP e isapres. Estamos hablando de bien público. No puede ser que se les trate en materia informativa como que fueran parte de un mercado de lo privado.

— El periodista británico Harold Evans decía que “si no hay debate, no se le puede llamar periódico”. ¿Cuál es la importancia de la pauta y la discusión al interior de los medios?
—  Es fundamental una reunión de pauta en que participan los periodistas y editores y se conversa. Las cosas no pueden ser decididas por uno e impuestas hacia abajo. Esa es la lógica que opera en estos medios de los que hemos estado hablando. Yo no he estado adentro de El Mercurio, pero sé cómo operan. Las cosas se deciden entre cuatro paredes y va cayendo la línea hacia el editor, a quienes algunos colegas lo ven poco menos que como un censor. Tiene que haber esa vitalidad que te da la pauta, el diálogo, el debate.
Otra fórmula es que haya verdadera autonomía profesional –como lo hay también en algunos medios– y que se deje operar la cláusula de conciencia. Pero nosotros estamos muy lejos de eso. Aquí es imponer, imponer e imponer y el que no está de acuerdo que se vaya. Y como estamos en una situación muy complicada para los periodistas entonces se produce un cierto abuso.

“Aunque algunos se quejan de que uno le pida todo al Estado, es obvio que para generar un ambiente de medios plural va a tener que ser vía algún aporte estatal para medios públicos y medios comunitarios. También iniciativas de periodistas con otras personas del ámbito profesional que quieran generar medios que pudieran contar con algún tipo de respaldo”.

— ¿Qué debates deberían estar teniendo hoy los medios chilenos a nivel interno?
— Tantos. Hay tanto tema del que no se habla. Como profesora me toca estar todo el tiempo orientando. Es un mundo que no llega a los medios. Por ejemplo, ¿qué discusión hay sobre los temas ambientales? Es una fuerte inquietud de los jóvenes y quedó aplastada por la pandemia. En este momento las presiones de sectores empresariales hacia el gobierno y probablemente hacia el Congreso por reactivar van a pedir que no sean tan estrictos en materias de medioambiente. Pero, ¿qué posibilidad hay de que haya un debate más o menos abierto en muchos de esos temas? O en temas culturales, que están causando preocupación de todo ámbito.

— En su labor docente, ¿cómo ve a los profesionales que están saliendo de las universidades? ¿Se trata al igual que en las calles de una generación más crítica?
— Creo que hay bastante crítica, pero me preocupa que junto a su crítica y los temas nuevos que están levantando hubiera más inquietud por aportar en la creación de iniciativas pequeñas que apuntaran a la creación de medios y formas de comunicar. Podemos hacer periodismo incluso en pandemia, aunque sea en forma virtual, podemos entrevistar a la gente por medios remotos. También me interesa que leyeran más. Aunque no nos guste lo que se está publicando en los medios tenemos que leer y estar presentes. Y ahí veo un cierto déficit.
Ellos tienen que ser actores centrales. Creo mucho en la experiencia profesional, en lo académico, en lo político y en lo intergeneracional. Ellos son nativos digitales y uno tiene que tener la humildad para decir eso no lo sé. No solo nos tragamos una dictadura completa, sino que en materia tecnológica mi generación ha pasado por muchos cambios. Debemos tratar de sacarle partido a esos aprendizajes adquiridos, escucharse mucho con los más jóvenes, que quienes inviertan en medios ayuden a que se rompa la idea de los cercos con que cerraba Los Magnates de la Prensa. Las cosas como se veían en 2009 no han mejorado, pero sí tenemos el proceso constituyente. Pudiera ser que estuviéramos en ese punto de inflexión que nos permita proyectarnos en una onda más de primavera.

Los diarios de ayer y hoy

”Uno no puede hablar de la historia de los medios de comunicación sin hablar de La Aurora de Chile, que si bien no era un diario informativo era un diario por la conquista de la independencia. La figura de Camilo Henríquez y La Aurora es parte de nuestra base fundacional. La experiencia de El Ferrocarril fue muy interesante también”, detalla respecto de los medios escritos fundamentales de nuestra historia.

”Cuando nació El Mercurio de Valparaíso lo hizo con un sentido muy profesional. Había calidad, pero luego se fueron hacia un periodismo más de trinchera. Recuerdo La Última Hora, que fue muy interesante, los buenos  tiempos de la revista Ercilla. Después nos vendieron en dictadura al grupo Cruzat Larraín, pero fue un semanario sumamente importante. Luego la revista Hoy y el diario La Época”.

— ¿Destaca algún medio actual?
— ¿En diario de papel? No te podría decir que haya un aporte grande. De repente uno encuentra algo que leer interesante en La Tercera, puedes encontrar algo en El Mercurio o en Las Últimas Noticias incluso, en el Diario Financiero también. Son sobrevivientes, pero uno quisiera mayor pluralidad, o mayor constancia en el seguimiento de los temas y eso no se encuentra.