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“En tiempos de trastornos sociales, muchos confían más en radios y canales públicos”

El debate sobre el rol de los medios públicos –diarios, radios y canales de televisión– no alcanza en Chile el nivel del que sí goza en otros países. Desde Alemania, el Dr. Carsten Brosda, un experto en el tema, presenta algunas de las características que tienen dichos espacios en su país. ¿Pueden los medios públicos actuar como estabilizadores de una democracia?

Por Marcelo Hernández, desde Hamburgo, Alemania

En los últimos meses, durante las pocas horas del día que el ministro de Cultura y Medios de Comunicación del Estado de Hamburgo, Alemania, no ha estado dedicado a organizar programas de rescate para los teatros, museos, salas de concierto y, especialmente, en apoyo a los trabajadores de la cultura y las artes de la ciudad (golpeados duramente por la pandemia), el cientista político Carsten Brosda ha escrito y presentado libros de análisis sobre los recientes trastornos sociales.

Para provocar su lectura y el debate, ha dado a esos libros títulos que generan controversia antes de su lectura: “Destrucción: por qué tenemos primero que enfrentarnos antes de alcanzar la cohesión social”, “El arte de la democracia: el significado de la cultura en una sociedad abierta”, o su última obra, “Estado/Excepción, debates necesarios después de Corona”.

En ellos, Brosda plantea preguntas a veces incómodas, reflexiona sociológicamente sobre la situación del colectivo llamado nación, sobre la migración y la xenofobia, la influencia de las redes sociales o el cambio climático, así como el desafío global que ha impuesto el coronavirus. 

Una de las observaciones que el ministro expresa frecuentemente en sus obras y entrevistas, es que la crisis de Covid-19 ha cambiado la visión que teníamos del rol Estado y de lo público en el mundo capitalista: el Estado ya no se percibe en él como una influencia necesariamente negativa y controladora, sino como un sustento estructural y una base solidaria en la que podemos y –dada la situación actual– necesitamos confiar. Y la lógica de lo privado, basada en la pura rentabilidad, ya no es por definición más libre y eficiente.

En ese contexto el ministro Brosda nos concedió unos minutos para reflexionar acerca de la de la televisión pública y su función como “pedestal” de la democracia desde la perspectiva alemana. Como político extranjero con un cargo en funciones dice no tener autoridad ni competencias para comentar la situación de otros países, como es el caso de Chile. Por ello prefiere, para estos efectos, describir la experiencia germana con los medios públicos de manera neutral y no caer en la tentación de dar consejos. Esa fue su condición para responder estas preguntas.

— ¿Cómo valora la posibilidad de relacionar la función del Estado con la libertad de expresión a través de los medios de comunicación –particularmente la televisión– en una nueva Constitución y cómo podría ser esta relación?
— La verdadera democracia presupone la libertad de expresión y la libertad de prensa. Sin la libertad de prensa no es posible formarse una opinión fundada que conduzca a elecciones libres y referendos validantes. En el prominente artículo 5° de la Carta Fundamental de la República Federal Alemana (mayo de 1949) se garantiza la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad de información de forma prioritaria. “Toda persona tiene derecho a expresar y difundir libremente su opinión de forma oral, escrita, en imágenes y en general en todas las fuentes de libre acceso. Se garantizan la libertad de prensa y la libertad de informar a través de la televisión, la radio y el cine. No existe la censura”.

Esta norma es el pilar fundamental para el sistema de comunicación pública alemana. Pero, además de ser la base para organizar la radio y televisión públicas y de los otros medios gratuitos, se constituye también como el fundamento para los medios de comunicación privados y comerciales.

Los conductores Harriet Heise y Christopher Scheffelmeier explican medidas de distanciamiento en la TV pública de Hamburgo.

— Como contraargumento para la legitimidad de la televisión pública, en conversaciones informales como los grupos de chats de los medios online se toma el ejemplo de China o Venezuela, cuyo aparato político ejerce un control autocrático de los medios de comunicación. ¿Cómo se las arreglan los canales públicos alemanes para mantener su independencia del gobierno y, aún así, establecerse como un organismo supervisor crítico y creíble de la democracia?
— La independencia de la radio y televisión pública alemana está asegurada legalmente, así como también su financiamiento, su organización y el personal del que disponen. La misma Carta Fundamental otorga el sustento legal para asegurar estas bases financieras y su autonomía frente a los gobiernos de turno. La supervisión de la radio y televisión públicas, está a cargo de comités independientes integrados por representantes de una amplia variedad de actores sociales. El financiamiento no proviene del dinero de los impuestos, sino de las tarifas mensuales que los ciudadanos pagan directamente a las emisoras, de modo que el Estado y el gobierno no tienen influencia directa sobre ellos. El nivel de la tasa de transmisión y el precio de las tarifas lo determina una comisión de expertos independientes. En definitiva, el Tribunal Constitucional Federal, nuestro máximo tribunal, vela por el cumplimiento de la libertad de radiodifusión según el artículo 5° de la Carta Fundamental. Además, la misión y la propia imagen de la radiodifusión de servicio público se configuran mediante la presentación de informes de manera equilibrada.

— ¿Puede dar ejemplos de la historia reciente de Alemania donde los medios públicos han actuado como un factor estabilizador de la democracia?
— En situaciones de crisis o en tiempos de trastornos sociales, muchos ciudadanos y ciudadanas confían más en las ofertas informativas de las emisoras públicas de radio y televisión. Esto queda demostrado en los crecientes índices de audiencia que –transversalmente sobre todos los grupos de edad– se registran durante estas situaciones noticiosas extremas. Ejemplos de esto fueron claramente los sucesos históricos en torno a la caída del Muro de Berlín (1989) y la reunificación de Alemania (1990), el 11 de septiembre del 2001 con los ataques al World Trade Center y al Pentágono, la crisis bancaria (2008) y actualmente, sin duda, la pandemia del coronavirus. 
Sin embargo, esta aceptación por parte del público no es una cuestión de rutina ni es algo sobreentendido: ella depende de que las emisoras de radio y televisión públicas no defrauden la confianza de su audiencia. Por eso tiene que desarrollarse permanentemente, ofrecer información objetiva, pluralista y de calidad y, actualmente, atender al desafío de adaptarse a los hábitos de uso de la generación de Internet. En este sentido, la televisión pública tiene la importante obligación de investigar exhaustivamente las informaciones para así ordenarlas y clasificarlas para los ciudadanos y ciudadanas, a fin de poder identificar las informaciones falsas o erróneas (fake news). 
Además, el hecho de que no sólo las noticias y la educación, sino también la cultura y el entretenimiento sean parte de la misión del programa de radio y televisión públicas, contribuye al hecho de que sus ofertas programáticas tengan una gran demanda en todos los grupos de edad.

“La independencia de la radio y televisión pública alemana está asegurada legalmente, así como también su financiamiento, su organización y el personal del que disponen. La misma Carta Fundamental otorga el sustento legal para asegurar estas bases financieras y su autonomía frente a los gobiernos de turno”.

— En un país como Chile, donde apenas se paga impuesto sobre la renta, difícilmente se podrían incorporar tarifas de licencias de televisión. ¿Identifica usted realmente una alta aceptación de las tarifas de televisión en Alemania? ¿Qué otras opciones de financiación podrían existir que no pongan en peligro la independencia de los medios públicos?
— La aceptación del servicio de radio y televisión pública en Alemania es muy alta. Esto incluye su financiación. La tarifa de transmisión ha demostrado su eficacia, ya que crea la mayor independencia posible tanto del Estado como de las fuerzas privadas (transmiten casi sin publicidad). En otros países europeos se financia mediante un impuesto. Este modelo corre el riesgo de que, en caso de rebajas de ingresos fiscales, se ponga en peligro la financiación adecuada de la radio y televisión públicas.

— ¿Puede imaginarse ofertas de las televisión pública en las redes sociales o ve en ello una contradicción para su credibilidad y su función social?
— Estoy convencido de que la radio y televisión como servicio público no sólo puede, sino que debe utilizar todos los canales de los que los telespectadores dispongan para informarse. Es más, creo que sólo de esta forma podrá conseguir una aceptación de la ciudadanía a lo largo del tiempo. La radio y televisión públicas, por ejemplo, tienen mucho éxito al ofrecer plataformas digitales para adolescentes y adultos jóvenes, que no sólo se transmiten a través en sus propios medios sino también en plataformas de redes sociales como Youtube o Instagram. Si se desea llegar mejor a este grupo objetivo joven y llamar su atención hay que hacerlo con buenas ofertas programáticas y usando sus códigos comunicacionales. Como ejemplo, a principios de abril de este año, un video de la televisión pública sobre la pandemia de coronavirus tuvo más de cuatro millones de visitas en unos pocos días y, en ocasiones, fue el número uno entre las tendencias de YouTube en Alemania.